Había un hombre en el Antiguo Testamento que creía ser la persona menos probable que Dios pudiera usar. Su nombre era Gedeón.
Cuando Gedeón aparece por primera vez en Jueces, está escondido. Está trillando trigo en un lagar para que los madianitas no lo vean.
Tiene miedo. Es tranquilo. Intenta no ser notado.
Entonces aparece un ángel y dice algo inesperado: «El Señor está contigo, valiente guerrero.»
Gedeón no se sentía como un guerrero. Se sentía pequeño.
Le dijo a Dios que su familia era la más débil de su tribu y que él era el menor en su familia. En otras palabras: «Dios, elegiste a la persona equivocada.»
Pero Dios no cambió de opinión.
En cambio, Dios lo guió pacientemente paso a paso. Un vellón en el suelo. Una confirmación en la noche. Un pequeño ejército reducido a solo trescientos hombres.
Con esos trescientos, Gedeón derrotó a un ejército que parecía imposible.
No porque Gedeón fuera intrépido. Sino porque Dios fue fiel.
A veces la gente asume que Dios elige personas fuertes. Las Escrituras cuentan una historia diferente. Dios elige personas que están dispuestas.
Gedeón les recuerda a los creyentes que Dios no comienza con la confianza humana. Comienza con Su llamado.
Alguien que conoces necesita escuchar esto hoy.